
Día de lluvia en Barcena Mayor
Para visitar el pueblo es necesario estacionar el vehículo en el aparcamiento construido a la entrada, dado que sólo se permite el paso a los residentes, lo cual permite disfrutar plenamente de la belleza de este conjunto arquitectónico rural.
Es difícil pensar que se trata del más antiguo de Cantabria a la vista de las solanas de sus casas cargadas de hortensias, geranios y panochas, y sus portalones, bajo los que se han cobijado carros durante siglos.

Un paseo por sus empedradas calles es, sin duda alguna, una experiencia difícil de olvidar a la vista de las fachadas, solanas y escudos, así como de otros elementos bien conservados como lavaderos, cuadras, socarreñas, hornos de pan, etc.



Este pueblo hecho de piedra, madera y tejas es una creación sobria, repleta de historia y colmada de encanto ante la que parece haberse detenido el tiempo. La Calleja y la calle Larga, que va a dar al puente -del siglo XVI, con arco de medio punto-, vertebran este maravilloso conjunto de típicas casas montañesas con zaguán en la planta baja que da acceso al establo y a la vivienda, solana o balcón corrido en la parte superior y tejados de alero volado sostenido por vigas.


En sus calles también podemos encontrar negocios artesanales dedicados al trabajo de la madera, en los que antiguamente se elaboraban aperos de labranza que eran vendidos a cambio de harina. Otra actividad de gran tradición es la apicultura, gracias a los montes que rodean la zona y que proporcionan tomillo y romero a las abejas, que fabrican una miel de gran calidad.


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